jueves, diciembre 29, 2005
...jo, jo, jo. El blog, a veces, nos muestra la construcción de "un sujeto", es decir, cómo un mismo sujeto puede decir de sí mismo y de su historia lo que le convenga: que si toda su vida fue ateo (cuando fue católico), o que si le gustaban las arañas y no las mariposas, aún sabiendo que todo el mundo lo conocía por su afecto por ellas... Después uno solamente agrega citas citables a la nueva personalidad y ¡pum! ya está. Es muy simple: niegue su historia, invéntese una más chic, créasela, pongale un poquito de brillo cultito y espere. Siempre habrá el personaje con alma de paje que esté dispuesto a creerle. En una época como la nuestra cualquier cosa que se parezca a un acto "rebelde", así sea el acto más anodino del mundo, es capaz de suscitar adhesiones como pólipos intestinales.
martes, diciembre 27, 2005
...qué poco, qué poco, qué poco, qué poco, qué poco importa el mundo. Podría yo irme, sobre sus olas, deslizarme, que nada importaría. Qué poco, qué poco, qué poquísimo importa el mundo: las capas que lo forman, sus formas más precisas, qué poco me importan. La Poesía, el Poema, qué poco importan, verdaderamente qué poco importan. La ceguera es lo único que se presenta ante mí como algo valioso. Lo demás qué poco, qué cosa, qué poco. Prefiero este reino: sólo este reino donde todo se nubla, el mundo desaparece y se abre ante mí la oscuridad. Qué luz más avasalladora, entonces.
jueves, diciembre 15, 2005
...no deja der ser encantadora la moda, muy reciente, de la mirada frívola sobre el dolor, la herida, la noche o lo que prestigiosamente se llama "profundidad". Hoy que algunos y algunas pasean con sus libritos bajo el brazo como mascotas ejemplares (oh sublime flor entre la mierda) en busca del pedigrí de "hondos", uno podría sentarse a la vera a desternillarse de risa. La enfermedad rara vez tiene lenguaje y, cuando lo tiene, generalmente omite su expediente clínico ¿Servirían esos lomitos de los libros al menos para mitigar la dureza de un catre?
... solía tener, hace algunos años, un teoría que exaltaba las bondades de la cruda. Más o menos era así "la cruda es el único estado de completo desconsuelo que mejora al cabo de las horas llegando a producir, en el alma del sufriente, un estado beatífico" o dicho más llanamente "bebo para constatar que algo mejora". Pasados algunos años constato que mi teoría sólo es efectiva cuando el desconsuelo que uno padece es mayor al que el alcohol produce. Nada, ni una dosis de almejas chocolatas en su concha con un coctel de camarones, puede ahora convencerme de sus virtudes. De allí que prefiera el mediocre bienestar de la tristeza antes que sus aterrorizantes punzadas incapaces de aportarme beneficio metafísico alguno.
martes, diciembre 13, 2005
...la mirada de la poesía no está afuera, pero toma del exterior sus materiales. La fidelidad al poema que no existe es la única forma de hacer un poema. La ceguera es la primera condición para escribir y la zozobra y la orfandad de lenguaje el primer estadio de la escritura.
Pienso esto a menudo, sin embargo, hay poetas en los que la poesía opera de una manera completamente contraria, es decir, que no tienden al silencio. Admiro más allá de lo decible a aquellos poetas que parecen fundar el lenguaje, en donde la herida del mundo es palabra fecunda y no muecas del silencio: Neruda.
Pienso esto a menudo, sin embargo, hay poetas en los que la poesía opera de una manera completamente contraria, es decir, que no tienden al silencio. Admiro más allá de lo decible a aquellos poetas que parecen fundar el lenguaje, en donde la herida del mundo es palabra fecunda y no muecas del silencio: Neruda.
... la errancia por convicción casi siempre se acompaña de una fe voluptuosa en lo desconocido, apoya sus pies en la esperanza de la diferencia. Salomón diría que la máxima diferencia que podemos hallar en este mundo no va más allá de los modales, sin embargo, es preciso contradecir a los sabios y liberarse de la pesadumbre: lo nuevo existe mientras resbalamos sobre su superficie como si fuera de hielo, con la íntima esperanza de que no se rompa nunca o con la suficiente prudencia de no poner demasiado peso en ella. La fuerza de gravedad es antagonista del vuelo. A nosotros, seres entre el pájaro y el árbol, no nos queda sino movernos. Cualquier movimiento nos ofrece la posibilidad de girar, aunque sea milimétricamente, el prisma desde donde miramos. En ese sentido el paisaje tiene la función de distraernos, literalmente, atraernos a otro sitio desconocido de nosotros mismos, así sea el azulejo rosa del baño o las estrellas en una noche en el campo o, mejor aún, las estrellas en la noche del azulejo...
lunes, diciembre 12, 2005
A A.
...un año de felicidad, un año de felicidad (y dos hospitales: uno nunca es el mismo, como no diría Heráclito), un año de felicidad y asombro, de asombrosa felicidad, de tibieza toda y de extrañeza descubridora, un año musical, anómalo, un remanso feliz, feliz, con corazón y sin él, desabotonado. Un año espantapájaros, pararrayos, una casa, una terraza alumbrada, un año verde, verde, un año móvil (con tripulante y perro en el cielo), un año tintineante, un año en este lado, un año dominó y cedro. Un año para dos y medio para ambos, un año son, con son y clarinete, un año flauta, zoológico, vegetal, arropado, un año oftálmico, estomacal, gustativo, un año con voz y, para adentro, silencio, rebosante, perfecto. Un año y cuatro manos, nuevos ojos, un corazón para sentarse en el sillón del tiempo, de tu lado.
martes, diciembre 06, 2005
... pasan los siglos y las mujeres siguen necesitando a los hombres para paliar el inmenso horror de sí mismas. El amor, esa promesa de la disolución, resulta infinitamente más seductora cuanto más augura el conocimiento de un horror ajeno, no propio. Basta una breve chispa de deseo (ir hacia) para entrar de lleno en la escenificación de ser otro, hasta consumarse, en la maternidad, esa incapacidad primaria de estar solo. Los hombres, en cambio, nunca o casi nunca, se confunden: siempre son y serán ellos mismos, más allá del espejo en turno.
