De Rota (fragmento)...si la lluvia pudiese, si la lluvia. Si la lluvia pudiese escribir este poema, decir todo el amor que soy, que fuera. Si fuera la lluvia, si fuera. Corto de riendas, corto, este amor se me hizo piedra, se me hizo. Como si el hacer fuera este fruto. Corto mis muñecas, me hago grieta y no apareces, no aparece Dios sobre las aguas. Si la lluvia pudiese, sí, la lluvia, sonreírte con mis labios, si pudiese. Acercar mis palabras a tu oído, rescatarme de los voraces agujeros que me tienden. Tender un puente de voz para mi muerte, si la lluvia, si pudiese.
Envío
Escribí para ti,
para tu honda trayectoria,
para el hueco de ti.
Tú fuiste mi herida,
por tu honda flecha
abrí las manos.
Escribí para el sol
desnudo de tu nombre,
para nombrarte
mío y de los hombres,
para salvarte
de las cosas mudas
sin lenguaje: Tú
que estás en todo y
todo te conforma.
Escribí para ti,
ánima del mundo,
piedra mía,
para tu arena
implacable
que nada olvida.
Escribí para ti,
molino de sombra,
para que el pobre hombre,
pobre, mire la flor de su edad
naciendo y se alegre.
Dermografía
A Marina Bespalova y Susana Pagano
Escribo
sobre la piel sedosa
una grafía torpe y sencilla.
Se desvanece. Se desvanece.
Vuelve a su sereno estado
el dorso de mi mano.
No para durar. Ha sido hecha
esta palabra.
No fuimos hechos. No para durar.
Como la línea, la palabra
-tómala de la mano-
se irá muriendo.
He escrito en el cuerpo del mundo,
en su piel sencilla, unas palabras
simples.
Un lenguaje derramado,
un tropel de piezas rotas,
flor del instante,
se desvanecen.
No para durar. Escribí
-tú, yo, nosotros-
No para durar. El niño mira,
el enamorado sueña.
Porque no fuimos hechos.
No, para durar.
Polvo
Polvo,
no te olvides de mi hora.
Todo eres tú, todo conviertes
a tu simple dictado:
la súplica del hielo,
la arquitectura del beso.
No me dejes sola cuando caiga
en la noche la lágrima del tiempo,
cierra tus labios en mi frente,
y estos pasos míos
ponlos en lo más hondo de ti
como un secreto:
la oscura certidumbre
de tu reino,
el oscuro sometimientode tu súbdita.
Segundo poema softporno que rememora una visita al supermercado, a las 10:00 de la mañana.
En una mesa; tú, el café y su aroma extraño,
en una i griega siempre abierta,
escuchaba bien decir
que nada podían tus manos,
que el tiempo era un agorero
de nefandas predicciones:
que él era un corcel más que dotado.
(En todo convenía yo, mas sin reproche
acaso una lágrima sentida)
Mas de pronto tus dedos,
como gotas resbalando por mi cuello,
sugiriendo una trayectoria aventurera.
Salimos vueltos dos enamorados, nuevamente
dos islas formales que se acercan , se ventean,
dos ríos temerosos de juntarse.
Te dejé mirándome y marché
hacia donde no supe que llegaba.
Entonces el deseo sin amo, andando sólo.
—¿y dónde estabas?—
(Poco después supe que embriagándote con otro vino)
Se despeñaba en mí una noche, en la mañana
e inundaba la dulce turgencia de mis senos
un hambre extraña y solitaria;
el deseo convierte la caída en un vuelo misterioso,
sed que comienza con delicia a beber sola,
mi cuerpo, un largo suspiro en el súper mercado,
con sus abarrotes de nombres mudos, palabras
incomprensibles para un seso ya difunto:
oh, claveles, rosas, tulipanes,
escobas, vastos tubos,
oh, espárragos, poros,
camotes, chiles verdes,
oh, zanahorias
trapeadores, largos todos,
inspirados objetos de mi dicha,
mostradores, cojines donde recargarse
a mirarte ciegamente,
de pronto, ya volcadura, ya desastre,
ya roto el frasco de las cebollas en vinagre,
ya el intendente limpiando,
la torpeza de una mano autónoma, rebelde.
¡Qué íntima felicidad de piedra suelta,
de agua suelta, de galope suelto!
¡Qué íntima felicidad de vegetales,
bolsas de basura y detergentes!
¡Qué íntima felicidad de lata, de botella,
de pepinillo, de pimienta!